El nombre más técnico que leí es «emesis gravídica», o «emesis gravidarium» en latín, para lo que en lenguaje más pedestre serían los malestares típicos del primer trimestre del embarazo: náuseas, vómitos, dolores de barriga, reflujo, gases, y básicamente ganas de que empecemos con el segundo trimestre.
Sinceramente, aún no estamos disfrutando del embarazo. ¿Cómo vas a disfrutar un proceso del cual solamente has experimentado malestares? Este primer trimestre nos está costando mucho.
El porqué
Sabemos que uno de los indicadores más comunes y generalizados del embarazo es la aparición de náuseas y vómitos. Muchas mujeres se dan cuenta justamente de su estado cuando aparecen estos malestares. Se tienen registros históricos en papiros que datan de 2 000 años a.C. (Andrews & Whitehead, 1990).
Los malestares del embarazo como náuseas y vómitos afectan a entre el 50 y el 80% de las mujeres embarazadas. Se pueden llegar a manifestar desde días después de la concepción hasta, en la mayoría de casos, el final del primer trimestre. Existe una condición más grave, presente en 1 de cada 1 000 casos, conocida como «hiperémesis gravídica», en la cual los síntomas son tan fuertes que la salud de la madre y el embrión están en peligro (Andrews & Whitehead, 1990). En general, las náuseas y vómitos son mecanismos que tiene el cuerpo para protegerse de la ingesta accidental de toxinas. Recuérdense de aquella comida que les hizo daño una vez y no son capaces de siquiera volver a oler.
De acuerdo a Andrews y Whitehead (1990), en las mujeres embarazadas hay tres principales causas para las náuseas y vómitos:
- Hormonas. Obviamente, el embarazo involucra cambios hormonales. El principal culpable podría ser la hormona hCG (la misma hormona que se mide en las pruebas de embarazo), aunque no se han reportado correlaciones entre la cantidad de hormona presente y la severidad de los malestares. Esta hormona se incrementa fuertemente en el primer trimestre del embarazo y luego desciende, al igual que los malestares.
- Metabolismo. Durante el embarazo hay dos fases importante para alcanzar las demandas metabólicas del feto y la lactancia. En la primera mitad del embarazo, la mayor parte de la ganacia de peso de la madre se da por una acumulación de grasa, dada por el aumento de receptores de insulina en el tejido graso. En la segunda mitad del embarazo, el feto gana peso por una baja de receptores de insulina en el tejido graso de la madre. Estos cambios en la acumulación de grasa en el cuerpo de la madre alteran temporalmente el funcionamiento del hígado en varios procesos, lo que provocaría una carga mayor para este órgano.
- Funcionamiento intestinal. El aumento de progesterona durante el embarazo causa una acción inhibitoria en el tejido muscular liso del intestino. Es decir, la digestión se vuelve mucho más lenta durante todo el embarazo, aún cuando cesan las náuseas y vómitos.
El para qué
El estudio por Flaxman y Sherman (2000) Morning sickness: a mechanism for protecting mother and embryo, basado en varios otros estudios en varios países y publicados a lo largo de varios años, plantea cinco hipótesis que relacionarían las náuseas y vómitos del embarazo como un mecanismo que protege al embrión en desarrollo. Aquí les detallo un resumen.
Entre las hipótesis planteadas está que las náuseas y vómitos se asociarían a resultados positivos del embarazo. En otras palabras, sería más probable tener un embrión y un feto saludable cuando se han padecido de náuseas y vómitos. Esta hipótesis se comprueba a través de Weigel y Weigel (1989), donde se analizan resultados de 17760 mujeres y 18464 embarazos, en los cuales, en las mujeres que experimentaron náuseas y vómitos fue significativamente menos probable tener abortos espontáneos hasta las 20 semanas de gestación, comparadas con las mujeres que no experimentaron estos malestares. En este estudio no se encontraron relaciones entre las náuseas y vómitos con otros problemas del embarazo; lo que significaría que, padecer de náuseas y vómitos no blinda al bebé de los factores externos, pero sí es un buen indicador.
Otra de las hipótesis planteadas es que las comidas que provocan náuseas y vómitos serían las que contienen compuestos químicos teratógenos, mutágenos y abortivos. Los agentes teratógenos son aquellos factores ambientales que pueden producir una anormalidad permanente en el embirón o feto (Gilbert-Barness, 2010). En artículo de Margie Profet (1992) Pregnancy sickness as adaptation: A deterrent to maternal ingestion of teratogens se relatan análisis de la utilidad de las náuseas y vómitos para evitar consumir alimentos que puedan tener toxinas.
El estudio encontró que la mayoría de mujeres experimentaría aversión a al menos un grupo de alimentos, y también presentaría antojos a un grupo de alimentos. La aversión más frecuente es al grupo de alimentos formado por carne, pescado, aves y huevos (le podríamos llamar «veganez gestacional»). Las aversiones reportadas a este grupo serían casi el doble de las reportadas a bebidas no alcohólicas, el segundo grupo con más aversiones, y más del triple de las reportadas a vegetales. En contraste, los antojos más frecuentes serían a frutas y jugos de fruta, en primer lugar; y, dulces, postres y chocolate en segundo lugar.
La aversión específica a la proteína animal, o «veganez gestacional», se explica en Fessler (2002), un estudio que relata que los patógenos encontrados en estos alimentos son altamente perjudiciales para el embrión o el feto. Comer carne para una mujer que no está embarazada supondría una exposición a ciertos patógenos, los cuales son combatidos por el sistema inmune. Si una mujer embarazada consume carne y se expone a los patógenos, la reacción del sistema inmune pondría en peligro al embrión o feto en desarrollo.
Y también, otras de las hipótesis es que las náuseas y vómitos deberían ser más comunes cuando el embrión es más sensible a compuestos químicos tóxicos. De acuerdo con Flaxman y Sherman (2000), existe una relación casi obvia entre los períodos de organogénesis (formación de los órganos) y susceptibilidad del embrión a los teratógenos, entre las semanas 6 a 12, y el período donde más fuertes se presentan las náuseas y vómitos.
En conclusión, nuestra condición de omnívoros nos pasa factura en esta etapa del embarazo, y es el precio que se paga para proteger a nuestros hijos con mecanismos más allá de nuestro control.
¿Qué hacer?
Después de leer lo que tuve que leer para escribir este artículo, lo más sensato que podría yo, como padre primerizo, recomendar es saber escuchar al cuerpo de la madre. Si no quiere comer algo, porque no le provoca, o porque le disgusta, que no lo coma.
También viene bien seguir algunos de los consejos descritos en Medline, como:
- Evitar comidas abundantes y procurar comer en pequeñas porciones varias veces al día.
- Comer alimentos altos en proteínas y carbohidratos compuestos, como frutas, quesos, yogures, leche.
- Evitar alimentos altos en grasa o sal que tengan poco contenido nutritivo.
- Procurar alimentos que contengan gengibre como tés, caramelos, gaseosas, galletas.
Y obviamente siempre consultar al médico o al nutricionista para tener una guía profesional.
Bibliografía:
- Flaxman, S. M., & Sherman, P. W. (2000). Morning sickness: a mechanism for protecting mother and embryo. The Quarterly review of biology, 75(2), 113-148.
- Weigel, R. M., & Weigel, M. M. (1989). Nausea and vomiting of early pregnancy and pregnancy outcome. A meta‐analytical review. BJOG: An International Journal of Obstetrics & Gynaecology, 96(11), 1312-1318.
- Hook, E. B. (1978). Dietary cravings and aversions during pregnancy. The American journal of clinical nutrition, 31(8), 1355-1362.
- Profet, M. (1992). Pregnancy sickness as adaptation: A deterrent to maternal ingestion of teratogens. The adapted mind: Evolutionary psychology and the generation of culture, 327.
- Gilbert-Barness, E. (2010). Teratogenic causes of malformations. Annals of Clinical & Laboratory Science, 40(2), 99-114.
- Fessler, D. T., Bayley, T., Dye, L., Brown, J., Flaxman, S., Leeners, B., … & Tepper, B. (2002). Reproductive immunosuppression and diet: An evolutionary perspective on pregnancy sickness and meat consumption. Current anthropology, 43(1), 19-61.
- Andrews, P., & Whitehead, S. (1990). Pregnancy sickness. Physiology, 5(1), 5-10.
- Medline. Morning sickness.
https://medlineplus.gov/ency/article/003119.htm
